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19/11/17

El ejercicio moderado reduce el riesgo de Parkinson [19-11-17]


El ejercicio moderado reduce el riesgo de Parkinson
  • Demuestran la capacidad de una proteína para desencadenar Parkinson
  • ¿Qué es el Parkinson?

Investigadores suecos han realizado un estudio que podría ayudar a reducir, sin mucho esfuerzo aunque con gran constancia, el riesgo de Parkinson en la población ya que han encontrado que aquellas personas que realizan ejercicio moderado de manera constante durante un periodo superior a diez años tienen menor riesgo de sufrir esta enfermedad degenerativa crónica.

Este nuevo estudio, cuyos resultados se publican en la edición digital de 'Brain: a Journal of Neurology', revela que realizar "una cantidad media" de actividad física reduce el riesgo de la enfermedad de Parkinson. Sus autores siguieron a 43.368 personas en Suecia durante un promedio de 12,6 años para ver el impacto de la actividad física sobre el riesgo de esta patología.

Karin Wirdefeldt, del Instituto Karolinska en Estocolmo, y sus colegas utilizaron la Cohorte Nacional Sueca de Marzo para analizar información exhaustiva sobre la actividad física de todo tipo. Evaluaron actividades del hogar y de desplazamientos, la actividad profesional, el ejercicio durante el tiempo de ocio y la actividad física diaria total según los datos proporcionados por 27.863 mujeres y 15.505 hombres mediante un extenso cuestionario.

A los efectos de este estudio, la actividad física se cuantificó en equivalentes metabólicos (MET, por sus siglas en inglés) horas por día, basados en el consumo de oxígeno estimado asociado a dichas actividades. Al inicio del trabajo, el 1 de octubre de 1997, ningún participante estaba aquejado de Parkinson.

Los implicados en la investigación fueron seguidos desde esa línea inicial hasta la fecha del diagnóstico de la enfermedad de Parkinson, la fecha de la muerte, la fecha de emigración o el final del tiempo de seguimiento, el 31 de diciembre de 2010, lo que ocurriera primero. En ese momento, se identificaron 286 casos de Parkinson.

En comparación con los participantes que realizaron menos de dos horas a la semana de actividad del hogar y de los desplazamientos, los que pasaron más de seis horas a la semana en los mismos tipos de actividades tuvieron un 43 por ciento menos de riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson.

Frente a un bajo nivel de actividad física total, un nivel medio de actividad física total (una media de 39,1 horas MET por día) se vinculó con un riesgo de enfermedad de un 45 por ciento menos de Parkinson en los hombres. El ejercicio en el tiempo libre no se asoció con el riesgo de la enfermedad de Parkinson cuando se analizó solo.

La directora del estudio, Karin Wirdefeldt, investigadora del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística y Departamento de Neurociencia Clínica, explica: "Encontramos que un nivel medio de actividad física diaria total se asocia con un menor riesgo de enfermedad de Parkinson. El efecto protector de la actividad física fue apoyado además cuando resumimos todas las pruebas disponibles publicadas de los estudios de cohorte prospectivos. Estos hallazgos son importantes tanto para la población en general como para el cuidado de la salud de los pacientes con la enfermedad de Parkinson".
 

18/10/17

Caminar a intensidad moderada puede mejorar los síntomas del párkinson [18-10-17]


Caminar a intensidad moderada puede mejorar los síntomas del párkinson
 Investigadores de la Universidad de Iowa y el Centro Médico de Asuntos de Veteranos de Iowa, ambos en Estados Unidos, determinaron que las personas que padecen enfermedad de Parkinson leve o moderada pueden mejorar sus funciones motoras, estado de ánimo, forma física, habilidades de pensamiento y reducir su cansancio, si caminan como una forma de hacer ejercicio.

Para llegar a esta conclusión contaron con la participación de 60 adultos mayores que realizaron, durante seis meses, tres sesiones semanales de caminata a una intensidad moderada y llevando consigo monitores de frecuencia cardiaca. Cada sesión duraba 45 minutos. Además, se les realizaron pruebas para medir su función motora, estado de ánimo, cansancio, memoria y capacidades cognitivas.

Los investigadores determinaron que la velocidad media a pie era alrededor de 2,9 kilómetros por hora y los participantes fueron realizando ejercicio al 47% de su frecuencia cardiaca de reserva, lo que cumple con la definición de ejercicio aeróbico de intensidad moderada.

Los resultados, publicados en la revista 'Neurology', revelaron que caminar a paso ligero mejora la función motora y el estado de ánimo en un 15%, con una mejora del control de la atención/respuesta de un 14%, una reducción del cansancio de un 11% y un aumento de la aptitud y la velocidad aeróbica de la marcha en un 7%. En la prueba de función motora, los participantes mejoraron 2,8 puntos, lo que se considera una diferencia clínicamente importante.

“Los resultados sugieren que caminar puede proporcionar una manera segura y accesible de mejorar los síntomas de la enfermedad de Parkinson y la calidad de vida de los pacientes. Las personas con Parkinson leve o moderada que no tienen demencia y son capaces de caminar de forma independiente sin un bastón o andador pueden seguir con seguridad las directrices de ejercicio recomendadas para los adultos sanos, que incluyen 150 minutos por semana de actividad aeróbica moderada”, concluye Ergun Y. Uc, líder del estudio.

14/4/17

Hacer ejercicio regularmente pueden frenar al Parkinson

Hacer ejercicio regularmente pueden frenar al Parkinson

Una investigación publicada en la revista Journal of Parkinson's Disease sugiere que realizar dos horas y media de ejercicio semanal puede relentizar el avance del Parkinson. A su vez señala que incluso que ya padecen la enfermedad de manera avanzada podrían beneficiarse del ejercicio

lr21.com.uy

Un estudio publicado en la revista Journal of Parkinson’s Disease sugiere que practicar ejercicio regularmente pude relentizar el avance de la enfermedad de Parkinson, que provoca temblores, rigidez y problemas para caminar en quienes la padecen.

Los autores del estudio encontrar que incluso quienes ya sufren de Parkinson avanzado pueden beneficiarse de la actividad física.

Para el estudio los investigadores trabajaron con 3.400 pacientes en Estados Undios, los Países Bajos e Israel haciendoles un seguimiento durante dos años, tiempo en el que evaluaron los cambios en la movilidad relacionados con el Parkinson cronometrando cuánto tardaban los pacientes en levantarse de una silla, caminar unos tres metros, darse vuelta y volver a sentarse.

Miriam Rafferty, de la Universidad de Northwestern y del Instituto de Rehabilitación, en Chicago que lideró la investigación explicó en un comunicado de prensa que acompaña el artículo en la revista: “encontramos que las personas con enfermedad de Parkinson que mantuvieron 150 minutos de ejercicio a la semana tenían un declive más pequeño en la calidad de vida y la movilidad tras dos años, en comparación con las personas que no hicieron ejercicio o que hicieron menos ejercicio”.

Y agregó “el declive más pequeño fue significativo para las personas que comenzaron el estudio y hacían ejercicio con regularidad, al igual que para las personas que comenzaron a hacer 150 minutos de ejercicio a la semana tras su primera visita relacionada con el estudio”.


El ejercicio que más se disfrute

Este primer estudio no determinó qué tipos específicos de ejercicio podrían ser mejores para las personas con enfermedad de Parkinson, pero los hallazgos sugieren que al menos 150 minutos de cualquier tipo de ejercicio a la semana ofrecen beneficios.

“Las personas con enfermedad de Parkinson deben sentirse empoderadas para averiguar qué tipo de ejercicio disfrutan, incluso las que tienen síntomas más avanzados”, aseguró Rafferty al tiempo que explicó que su trabajo sugiere que las personas que no alcanzan ahora los niveles recomendados de ejercicio podrían comenzar a hacer ejercicio hoy y reducir los declives en la calidad de vida y en la movilidad que pueden ocurrir con esta enfermedad progresiva”.

14/3/16

Ejercicio para el Parkinson [14-3-16]


Ejercicio para el Parkinson

Aunque parezca contradictorio, recomendarle ejercicio a un paciente de Parkinson, que lucha por controlar el movimiento o contra la rigidez, la verdad es que es una actividad clave para posponer la incapacidad.

“Ejercicio, ejercicio, ejercicio”. Lo repite una y otra vez la neuróloga Carmen Serrano Ramos, quien tiene una clínica para atender a los que padecen ese mal y hace investigación en el Recinto de Ciencias Médicas, de la Universidad de Puerto Rico.

Que caminen, que corran bicicleta, que naden, que tomen clases de acuaeróbicos, de Yoga, de Tai Chi y hasta de baile. Toda actividad, claro, depende del estadío en que se encuentre el paciente, ya que una persona a la que le esté comenzando el mal podría correr bicicleta, mientras que uno en estadío intermedio, quizás necesitaría usar la bicicleta estacionaria.

“Tengo pacientes que llevan 10 años con Parkinson y siguen trabajando”, declara la experta para ilustrar el bienestar y el efecto preventivo que puede ofrecer tener la disciplina de mantenerse activo. La neuróloga explica que la actividad física ayuda a la persona a manejar los problemas de movimiento y, a largo plazo, retrasa la progresión de la enfermedad, ayuda a fortalecer los músculos y a mejorar el balance, entre otros.

Serrano aclara, sin embargo, que el ejercicio no es todo; es parte de un tratamiento multidisciplinario que integra medicamentos, ejercicios, nutricionista, terapias del habla (cuando se requiere), terapia ocupacional y física, y consultas con un trabajador social y un sicólogo, además de las visitas al neurólogo.

Explica la neuróloga que el Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta el movimiento, el control muscular y el balance, entre otras cosas, y que es resultado de una deficiencia del neurotransmisor dopamina. Es el segundo desorden neurodegenerativo más común después del Alzheimer.

Hasta ahora, no tiene cura y es más común en personas de 60 años o más. En un 15% o 20% de los casos hay un componente genético. También hay unos factores ambientales y de medicamentos, que pueden adelantar la muerte de las neuronas que producen la dopamina.

En el 85% o más de los casos, el diagnóstico se hace a base de los síntomas de la personas, explica Serrano. Los síntomas más característicos son: temblor de las manos mientras están en descanso (sin hacer nada), rigidez muscular, lentitud en movimiento y pérdida de balance al caminar. La persona puede presentar uno o más de estos síntomas.

Otros síntomas que también se presentan son: la pérdida de la expresión facial, que ocurre antes de que se presenten los problemas motores; y un cambio en el patrón de escritura para usar letras bien pequeñitas.

Serrano explica que, a veces, las personas han presentado otros problemas por un tiempo antes de tener problemas motores que nunca se vincularon con Parkinson y que, aparentemente, están vinculados como: estreñimiento, aumento en la frecuencia de orinar, disminución del volumen de la voz y disturbios del sueño.

Adelantos médicos

El tratamiento farmacológico consiste básicamente en medicamentos que promueven la producción de dopamina (dopaminérgicos). Que son los más efectivos. Hasta ahora se administran mediante pastillas, pero Serrano anticipa que se trabaja en una mecanismo para que la persona reciba la dosis automáticamente, como se hace con los dispensadores automáticos de insulina.

Para pacientes que estén en estadío intermedio o avanzado, que ya estén en la dosis máxima y necesiten algo más o tienen movimientos que no pueden manejar, está disponible la cirugía mediante la cual se coloca un neuroestimulador en el cerebro, lo cual mejora los síntomas del paciente, explica Serrano. La cirugía se hace en Ciencias Médicas.

La doctora advierte sobre tratamientos que se ofrecen a base de células madre y manipulación genética porque, las que realizan científicos e instituciones certificadas, todavía están en una fase experimental.

Investigación

Durante cirugías de estimulación profunda al cerebro de 10 pacientes, investigadores de la Universidad de Queensland, Australia, descubrieron que más de una parte del cerebro es responsable de planificar los movimientos del cuerpo, lo cual ayuda a entender la enfermedad y podría ayudar a futuros desarrollos médicos.

Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad California (UCLA) descubrió que la exposición al fungicida Benomyl, que fue prohibido en 2001, puede aumentar el riesgo de desarrollar Parkinson. Lo mismo ocurriría con otros 11 pesticidas.

Un estudio de la Universidad de Duke, que utilizó ratones, concluyó que una estimulación eléctrica a la columna dorsal mejora temporalmente los síntomas del Parkinson.
 

7/8/15

El ejercicio puede reducir los síntomas del Parkinson [07-08-15]



El ejercicio puede reducir los síntomas del Parkinson

Desafiar los músculos con movimientos repetitivos de resistencia por encima de la zona de confort puede disminuir ciertos síntomas

Antes de que salga el sol, Chuck Linderman ha comenzado su sesión diaria de ejercicio en el club de remo de Alexandria, Virginia: 30 minutos dando fuertes tirones a una máquina de remar, la misma cantidad de tiempo levantando pesas, y 30 minutos pedaleando en una bicicleta estacionaria. Hace ejercicio hasta quedar empapado de sudor. Linderman está entrenándose para la carrera más importante de su vida: la de escapar del mal de Parkinson.

Linderman es uno entre el millón de estadounidenses afectados por esta enfermedad neurodegenerativa, que mata las células del cerebro responsables de la capacidad de movimiento del cuerpo. El diagnóstico ocurrió hace seis años, cuando su esposa notó que el brazo derecho se movía de una forma extraña y que le costaba trabajo abrocharse el botón superior de sus camisas de vestir. El médico de cabecera recomendó ver a un neurólogo.

“Al hombre le tomó menos de 15 minutos hacer el diagnóstico”, dijo Linderman, de 64 años.

Remar ya jugaba un papel importante en su vida. De modo que su respuesta al mal de Parkinson fue inmediata. Combatirlo con lo que sabe hacer: ejercicio arduo.

“¿Cuál es la alternativa? ¿Acabar inválido?”, dijo Linderman, quien se retiró hace dos años de su empleo como director de una asociación de compañías de electricidad.

Se sabe hace mucho tiempo que el ejercicio de cualquier tipo es beneficioso contra el mal de Parkinson. Antes de que se desarrollaran medicamentos efectivos en la década de 1960, los pacientes mejoraban con cualquier tipo de ejercicio, incluso el simple acto de doblar la ropa recién lavada, según explica Michael Okun, director médico nacional de la Parkinson’s Foundation (Fundación contra el Parkinson).

Aunque la farmacopea actual ofrece a los pacientes medios efectivos para aliviar la enfermedad desde temprano, la mayoría de los medicamentos tienen fuertes efectos secundarios, que van desde náusea a problemas con la memoria.

Gran parte del régimen de Linderman -bicicleta y remo a diario y levantamiento de pesas dos veces por semana con un entrenador personal- es el tipo de régimen de ejercicio que tiene intrigados a los investigadores. Hay pruebas de que desafiar los músculos por medio de movimientos repetitivos de resistencia muy por encima de la zona de confort del individuo puede disminuir ciertos síntomas.

Estudios preliminares muestran que, después de ocho semanas de montar bicicleta tres veces por semana a una velocidad suficiente para sudar y elevar un poco la frecuencia cardiaca, algunos pacientes pueden recuperar gran parte de su movilidad por casi cuatro semanas. Después de eso, el adelanto se pierde a menos que el paciente empiece de nuevo a hacer ejercicio.

Michael J. Fox Foundation for Parkinson’s Research (la Fundación Michael J. Fox para Investigaciones del Parkinson) ha invertido cerca de $3 millones en investigaciones sobre el ejercicio físico. Las mismas se centran en buscar cuál es el más efectivo.

“Sabemos que se necesita sudar”, dijo Okun. “Pero no sabemos exactamente qué tipo de ejercicio es el más efectivo, su frecuencia óptima, o cuáles son los beneficios a largo plazo”.

Jay L. Alberts, investigador del Parkinson de la Clínica Cleveland, descubrió por accidente lo bueno que podía ser el ciclismo intenso hace ocho años, cuando salió de viaje por Iowa en una bicicleta con una amiga que padece la enfermedad.

“El propósito del viaje era mostrar que aún con Parkinson se puede vivir una vida activa”, dijo Alberts.

Pero, aunque la enfermedad ya había privado a su amiga de la capacidad de escribir de forma legible, pudo escribir su nombre claramente después del primer día de intenso ejercicio en la bicicleta.

Durante cinco años, Alberts ha estado investigando los efectos del ciclismo intenso en pacientes de Parkinson. Con $1.5 millones en subsidios de los Institutos Nacionales de la Salud y el Departamento de Asuntos de Veteranos, terminó un estudio de 60 personas y acaba de comenzar otro con 100 pacientes. Aunque no hay respuestas definitivas, el trabajo de Alberts ha despertado interés en el mundo del Parkinson. Se han establecido programas de ciclismo bajo techo en las YMCA de Seattle, Cleveland y Sarasota, Florida, y se planea otro en Los Angeles. Después de una sesión tres veces por semana, casi todos los pacientes mostraron mejoría en su movilidad y habilidades motoras de tipo menor. Y, aunque el ciclismo ejercita las piernas, su movilidad mejoró también en otras áreas. Algo estaba pasando en el cerebro.

Cuando Alberts hizo escáneres cerebrales a los sujetos de su investigación, estos mostraron que el ejercicio estimulaba el flujo sanguíneo y la actividad cerebral con la misma efectividad que los medicamentos para este mal.

“Uno de nuestros objetivos es saber si podemos retrasar la aparición de los síntomas, dijo Alberts.

Para descubrir qué ocurre en el cerebro, Alberts, quien es kinesiólogo y no especialista en la química del cerebro, depende de otros. Esto incluye al neurólogo del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, Michael J. Zigmond, quien estudia cómo afecta el ejercicio la química cerebral de animales que padecen una versión del mal de Parkinson.

La enfermedad de Parkinson mata las células cerebrales que producen dopamina, una sustancia química que permite que las células cerebrales o neuronas que controlan los músculos se comuniquen con dichos músculos. El resultado puede ser la pérdida en el paciente de habilidades motoras tanto pequeñas como grandes.

Investigaciones han mostrado que cuando los animales de laboratorio usan esteras o ruedas, sus cerebros producen un flujo sanguíneo acelerado y más sinapsis, o sea, más rutas para enviar mensajes, entre las células cerebrales. Sus neuronas funcionan con mayor energía.

“El Parkinson disminuye la cantidad de compuestos en el cerebro conocidos como factores neurotróficos”, dijo Zigmond en una entrevista reciente. “Nuestra hipótesis es que el ejercicio aumenta los factores neurotróficos, y ellos a su vez protegen las neuronas que producen la dopamina”.

En una situación así, más ejercicio representa la supervivencia de más células productoras de dopamina, lo cual puede retardar la pérdida de la movilidad.

Alberts ha demostrado que la velocidad del ejercicio es importante. Al montar bicicleta intensamente, especuló Alberts, “hay una información de alrededor de 1/8 músculo y 3/8 movimiento que va al cerebro. De modo que si se puede aumentar la cantidad y la calidad de esa información, se pueden provocar cambios bioquímicos en el cerebro”.

El entrenador personal de Linderman, Rob Kreider, basa gran parte de su entrenamiento de levantamiento de pesas en una teoría similar. Kreider pone a Linderman a levantar pesas rápida y repetidamente.

“Mientras más repeticiones, más mensajes para ayudar al paciente de Parkinson.

Kreider afirma que Linderman tiene una motivación y una voluntad increíbles.

Y Linderman atribuye esas cualidades al tiempo que pasó como remero antes de su diagnóstico.

“Remar brinda la disciplina, la habilidad de levantarse. Hay que hacerlo todos los días”, dijo. “Sería muy fácil dejarse ir con el Parkinson”.

Ya no rema en el programa de Alexandria, aunque su membresía vitalicia le permite usar el gimnasio del club. La dirección del club le prohibió que siguiera remando hace dos años cuando saltó de un bote, perdió el equilibrio y cayó de espaldas dentro del bote. Linderman dijo que sentía haber tenido que dejarlo, pero que entendía las preocupaciones por su seguridad.

“El equilibrio es un problema en el caso del Parkinson”, dijo.

Ahora rema adscrito a un programa para personas con discapacidades que administra otro club de remo. Ha ganado medallas de oro y de plata en regatas del llamado “remo adaptado” en carreras de dos y de a cuatro. El bote para dos, que normalmente tiende a volcarse, está equipado con pontones que lo mantienen derecho pase lo que pase.

Alberts dijo que nunca ha puesto a ningún paciente suyo en un bote o una máquina de remar. Pero estuvo de acuerdo en que cualquiera de esos equipos puede brindar las ventajas de la bicicleta, y dijo que un club de remo se ha interesado en sus investigaciones.

Otro investigador, el neurocientífico de la Universidad de la Florida David E. Vaillancourt, ha estado comparando los resultados de los pacientes en dos programas de ejercicio, el programa Fitness Counts de la Parkinson’s Foundation’s y Progressive Resistance Exercise, cuyo objetivo es levantar pesos cada vez más pesados.

“Mis colegas y yo creemos que impulsar a los pacientes a que hagan ejercicios arduos es la clave del entrenamiento de ejercicios para el mal de Parkinson”, dijo. Cuando le hablaron de las sesiones de ejercicio de Linderman, añadió: ’”Me parece que el señor Linderman se dio cuenta de esto por sí mismo”.

Linderman, por su parte, dijo que combatir el mal de Parkinson con el ejercicio tenía muchos beneficios. “Y es mejor que estar tomando un montón de pastillas”, agregó.